El bebé está en camino y ha llegado el momento de elegir las cosas adecuadas para darle la bienvenida. Y entre ellas, la cuna es sencillamente indispensable. Es el nido acogedor en el que tu angelito descansará y se sentirá bien. Pero sólo si eliges la adecuada.
La principal ventaja de una cuna es que tranquiliza al pequeño en el comienzo de su vida. Un espacio pequeño y confortable que le protegerá del vasto mundo. El pequeño tamaño de la cuna es tranquilizador, ya que se asemeja a la acogedora barriguita de mamá. Es el lugar donde el bebé se sentirá seguro durante las siestas o por la noche. También es una pieza tranquilizadora para los padres. Se utiliza generalmente desde el nacimiento hasta los seis meses. Basta con colocar al pequeño en la cuna hasta que pueda sentarse. La cuna no ocupa mucho espacio y puede instalarse fácilmente en el dormitorio de los padres para seguir los movimientos del bebé. Por eso, te recomendamos que elijas un modelo con ruedas. A los puristas les encantarán los modelos mecedores, que permiten mecer al bebé durante largos periodos de tiempo sin complicarse la vida. También puedes optar por una cuna suspendida de esta categoría.
Tu bebé pasará más de 18 horas al día en su cuna. Por eso es vital ofrecerle lo mejor.
Como ves, la oferta de cunas es enorme. Entonces, ¿qué debes tener en cuenta para asegurarte de comprar la adecuada?
Lo primero que debe llamarte la atención es el estilo de la cuna. ¿Tienes un interior zen? Un modelo de mimbre será el de mejor gusto. Una cuna de madera (haya, por ejemplo) va a todas partes. Puedes jugar con los colores, desde el blanco puro y elegante hasta los azules y rosas pastel y los tonos menos tradicionales. Comprueba siempre que las pinturas que utilizas son seguras para el bebé. Y como esto no siempre está indicado, elige modelos de marcas conocidas y reconocidas por su fiabilidad (Chicco, por ejemplo).
Otro criterio clave en su elección: el colchón. Pasas mucho tiempo buscando el colchón perfecto para ti. Pues lo mismo para tu bebé. Olvídate de los colchones blandos, que pueden ser peligrosos para tu pequeño. Lo ideal es un colchón firme. Permitirá al niño dormir sin hundirse y le sujetará lo mejor posible. ¿Vas a comprar un colchón separado de la cuna? Comprueba siempre que las dimensiones se ajustan perfectamente a la estructura. No debe haber ningún hueco entre el colchón y los bordes. El colchón tampoco debe ser demasiado grueso. El bebé estaría entonces demasiado cerca del borde. El colchón perfecto debe estar fabricado con materiales característicos y tener un grosor medio de entre 10 y 15 cm. En cuanto a la densidad, opta por modelos de entre 20 y 22 kg/m3. Si has optado por un colchón de látex, elige 60 kg/m3.
¿Ha elegido un modelo con ruedas? Compruebe que dispone de un sistema de bloqueo (freno). Esto evitará que la cama se mueva. Si has optado por una cuna suspendida, comprueba el sistema de fijación. Debe ser especialmente sólido y adaptado a la superficie que vas a perforar.
Como la seguridad de tu hijo es primordial, hay una serie de puntos que debes comprobar. La base debe ser perfectamente plana y completamente rígida. La separación entre los barrotes no debe superar los 7 cm. Esto evitará que el bebé quede atrapado. Se recomienda una altura mínima de 20 cm. Esto es esencial para que el bebé pueda crecer con total seguridad, y para que cuando "crezca" no se le ocurra la tonta idea de trepar por los barrotes.
Hay muchos tipos diferentes de cuna. El modelo clásico mide unos 40 x 80 cm. Existen versiones evolutivas que resultan prácticas para vigilar al bebé a medida que crece, pero que ocupan mucho espacio. La cuna Cododo es ideal para los padres que quieren vigilar a su bebé mientras están en la cama. Se fija a la cama de los padres para que no tengan que levantarse a atender al pequeño.
Y para mantener al bebé en su acogedor capullo, puedes añadirle un moisés, una especie de cuna nómada muy práctica hasta los 3 meses.